La soledad en la maternidad: puedes estar acompañada y sentirte muy sola

Publicado el 20 de agosto de 2026, 18:49

Puedes pasar prácticamente todo el día acompañada y sentirte tremendamente sola. De hecho, esa es una de las grandes contradicciones de la maternidad: desde que tienes hijos, estar sola puede convertirse casi en un lujo y, sin embargo, puedes sentir más soledad que nunca.

Hay ruido, demandas, conversaciones (aunque algunas consistan en discutir durante diez minutos sobre por qué no podemos desayunar gusanitos) y probablemente bastante contacto físico. Pero puede faltar algo muy importante: otros adultos con los que compartir todo esto de verdad. Porque no es lo mismo tener gente alrededor que tener tribu y comunidad.

La soledad en la maternidad no significa estar sola

Puedes tener pareja, familia, amigas y compañeros de trabajo y sentirte sola igualmente. A veces, la soledad tiene más que ver con sentir que nadie entiende del todo lo que estás viviendo.

Intentas explicar que estás agotada y recibes un “descansa cuando duerma”. Gracias, Carmen. Revolucionario.

O cuentas que estás saturada y alguien necesita recordarte inmediatamente que tienes muchísima suerte. Como si querer a nuestros hijos nos quitara el derecho a decir que hay días que son una auténtica mierda.

Puedes adorar a tu hijo y necesitar desesperadamente que alguien se lo lleve dos horas. Puedes disfrutar de ser madre y echar de menos tu vida anterior. Puedes estar agradecida y agotada. Y quizá deberíamos poder decirlo sin añadir inmediatamente “pero lo quiero muchísimo”, como si estuviéramos declarando ante un tribunal.

¿Dónde está la famosa tribu?

Nos dijeron que para criar a un niño hace falta una tribu. Precioso. El pequeño problema es que después tuvimos hijos y descubrimos que la tribu no venía incluida.

Criamos en casas separadas, con familias que viven lejos, abuelos que todavía trabajan, horarios laborales imposibles y redes de apoyo pequeñas. Buena parte de la crianza ocurre entre cuatro paredes y, aun así, seguimos comportándonos como si una persona pudiera sostener todo esto prácticamente sola. Y, cuando no podemos, buscamos el problema dentro.

Más autocuidado. Más organización. Más paciencia. Más herramientas para regularnos. Claro que todo eso puede ayudar. Pero hay algo que no deberíamos perder de vista: no podemos solucionar individualmente problemas que también son sociales.

Quizá una madre agotada no necesita únicamente aprender a gestionar mejor su estrés. Quizá necesita descanso, corresponsabilidad, apoyo y otras personas con las que compartir la crianza. Necesitamos espacios donde nuestros hijos puedan existir sin molestar. Poder tomarnos un café mientras alguien nos interrumpe catorce veces. Hablar de lo precioso y también de lo aburrido, agotador, absurdo y difícil.

La tribu no debería ser una frase bonita para poner en una taza. Es una necesidad bastante real. Y si no la tenemos, quizá haya llegado el momento de empezar a construirla.