Pérdida de identidad en la maternidad: ¿dónde estoy yo desde que soy madre?

Publicado el 24 de agosto de 2026, 10:00

Antes de ser madre yo leía muchísimo. Leer no era simplemente algo que hacía cuando tenía tiempo: era una parte importante de mí. También escribía. Tenía mis intereses, proyectos y una forma bastante clara de reconocerme.

Después fui madre y, durante años, prácticamente dejé de leer. También dejé de escribir. No porque dejaran de gustarme esas cosas. Simplemente dejaron de caber.

Y creo que esta es una de las partes de la maternidad de las que menos hablamos: cuando nace un hijo no solo cambia nuestra rutina. Cambian nuestras relaciones, nuestro cuerpo, nuestra forma de utilizar el tiempo, nuestras prioridades y hasta las cosas en las que pensamos. Y algunas partes de nuestra identidad pueden quedarse por el camino.

Puedes querer ser madre y echar de menos quién eras

Una de las ideas más tramposas alrededor de la maternidad es pensar que, si hemos elegido tener hijos y los queremos, deberíamos aceptar encantadas todo lo que viene con ellos. Como si echar de menos nuestra vida anterior significara querer menos nuestra vida actual.

Puedes querer profundamente ser madre y echar muchísimo de menos a la mujer que eras antes. Puedes echar de menos salir, viajar, trabajar tranquila, leer durante tres horas, ver más a tus amigas, tener sexo sin estar pendiente de si alguien va a despertarse o simplemente terminar un pensamiento sin que te interrumpan cuatro veces. Nada de eso dice nada malo sobre la madre que eres. Dice algo bastante obvio que a veces olvidamos: antes de ser madre ya eras una persona. Y sigues siéndolo.

La maternidad no solo ocupa tiempo, también ocupa cabeza

Aunque nuestros hijos no estén con nosotras, muchas veces siguen ahí: qué cenará, tengo que pedir cita, se le está quedando pequeño el pantalón, el viernes tiene cumpleaños, ¿estará bien?, ¿estaré haciéndolo bien?

Con todas esas pestañas abiertas permanentemente en el cerebro intentamos mantener vivas las partes de nuestra identidad anterior. Y a veces no caben.

Dejas el deporte, ves menos a tus amigas, abandonas una afición, cambia tu relación de pareja, cambia tu relación con tu cuerpo. Hasta que un día alguien te pregunta qué te apetece hacer a ti y tardas demasiado en encontrar una respuesta.

Quizá no tengas que volver a ser la de antes

Se habla mucho de “recuperarse” después de ser madre. Recuperar el cuerpo, la pareja, el sexo, el ocio. Volver a ser tú. Pero yo no sé si quiero volver. ¿Y tú? La mujer que era antes de ser madre ya no existe exactamente y tampoco creo que eso sea necesariamente malo. La maternidad nos transforma. El problema aparece cuando transformarnos significa desaparecer.

Quizá no se trata de recuperar nuestra identidad anterior, sino de preguntarnos qué partes de aquella mujer seguimos queriendo con nosotras, cuáles echamos de menos y qué partes nuevas han aparecido. Y, por favor, sin convertir también esto en otra obligación. No necesitamos añadir “encontrarme a mí misma” entre poner una lavadora y preparar la cena.

A veces empezar a encontrarnos consiste, simplemente, en recordar qué nos gustaba. Volver a escuchar nuestra música. Leer tres páginas. Tomarnos un café y hablar de algo que no sean nuestros hijos. Preguntarnos qué queremos ahora.

Y aceptar que, quizá, todavía no tenemos ni idea.